Jorge Valencia* En una sociedad donde la banalidad adquiere estatus constitucional y de derechos humanos fundamentales, el pelo es signo de identidad. Un pelo descuidado y con orzuela demuestra a una persona displicente, desinteresada de sí y, por lo tanto, poco o nada dispuesta a vincularse con los demás. En cambio, una cabellera cuidada a […]